La fruta acristalada

20 octubre, 2015

Sólo hay un vino que al saborearlo, nos recuerda a la uva de origen y es  aquél que ha sido elaborado con la variedad Moscatel. Porque  aunque os parezca sorprendente,  en los demás casos, el sabor del vino difiere bastante al  sabor de las propias uvas con las que sea  elabora.

Las uvas de tempranillo no saben a “regaliz”  cuando las catamos en la viña.  Estos matices tan apreciados por los amantes de esta variedad, aparecen después de la fermentación. Y no siempre, ya que todo depende de la maduración de la uva. Esto es lo que hace que cada vendimia sea diferente y “divertida” a la vez.

Por eso, un momento muy importante para nosotros es el decidir cuándo será el esperado momento. Nos pateamos la viña cogiendo muestras de uva para ver su estado y catarlas al mismo tiempo.  Y ningún año es igual. Cada uno trae consigo sus propias sorpresas.  En algunas ocasiones muy gratas, como un nido entre los racimos y sarmientos y otras no tanto. En una viña cerca de Redondo (Portugal), en la que se notaba que hacía mucho tiempo que nadie pasaba por allí, me saludo alegremente una araña más propia de una inhóspita selva que de una viña. Pero estas y otras cosas más, es lo que le da cierta vitalidad e identidad a una vendimia.



Se puede aprender a diferenciar las variedades de uva por las hojas o por la forma del racimo, a esto se le conoce como ampelografía. Se trata de una palabra compuesta por “ampelos” que en griego significa ‘vid’ y de “grafos” que significa ‘descripción. Y es que las variedades de uvas son como las personas, como cada tiene su carácter y su personalidad. 

Las hay que te enamoran a primera vista, como fue mi primera cita con un Petit verdot, todo elegancia y discreción, al mismo tiempo que carácter. Otras son atractivas y seductoras como la Syrah.  También, las hay gorditas y simpáticas  como la Garnacha, a veces coloreadas por dentro como la tintorera.  Las extrovertidas como la Tempranillo que no se pierden  ni un “sarao”, están en todos los sitios.  Por el contrario, la introvertida Palomino necesita estar en su bota para poder romper su timidez. En cambio, la Verdejo se hace de notar donde quiera que esté, como el Gewürztraminer. Con este nombre es imposible no dejar huella. Y todas nos ofrecen el exquisito y jugoso jugo de la “fruta acristalada”.

Para Juan José Zampini,  los racimos de uva a semejan pasos de la vida. Aquí os dejo algunos de sus versos.

Un racimo de uvas semejan pasos de tu vida;
dejando los sabores más variados y dulces
que aun recuerda tu cuerpo, boca y corazón...

Un racimo que sus frutos son translucidos y claros
otros vigorosos y fuertes, algunos agrios y amargos
muchos perfumados y maduros  con cepa añeja...

Un racimo de uvas son tus lágrimas cuando brotan
alegres o tristes, salobres o dulces, claras o brillantes
así se refleja la vida en tus ojos mansos y calmos...
  
Un racimo de uvas se asemeja a tu encanto y piel
naturales de mujer dotada de donaires y garbos ,
que contemplo y le canto, por qué eres la miel y el vino...  

Un racimo de uvas son tus inquietudes jóvenes
y el bullir de tu sangre fuerte ,alegran a los hechiceros
que preparan sus brebajes de amores y pasiones...
  
Un racimo de uvas dará un buen nectar con un sabor dulce
digno de ser honrado en tu pedestal de Niña Mujer
bella y genuina, colorida y alegre, audaz y amante... 

           Yolanda Hidalgo
(Ydalgo Asesoría Enológica)


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